Un cofre de joyas...
La palabra autoestima como tal no existe en el diccionario Teresiano. Pero la experiencia de Teresa tiene todos los elementos que la forman. Sin saberlo, es una precursora de la dignidad y valoración de la persona. Para ella, tus joyas interiores son tus valores... Santa Teresa nos dice “quererse a sí mismo es saberse dueño de un cofre con tesoros dentro, lleno de joyas auténticas, que nos dan valor personal...¡ vale la pena invertir en lo que dura para siempre!”
...Reconocer nuestra riqueza, sentirnos amables... y sabernos valiosos es tarea diaria...y propio de ser Teresiano.
Insistía Teresa en la importancia de conocer y reconocer quienes somos, como nuestra alma esta llena de valores y habitada en el centro por nuestro Dios, restándole importancia a nuestros cuerpos, a las apariencias, o a lo superficial de nuestras vidas.
“No es pequeña lástima y confusión que, por nuestra culpa, no entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos. ¿No sería gran ignorancia, hijas mías, que preguntasen a uno quién es, y no se conociese ni supiese quién fue su padre ni su madre ni de qué tierra? Pues si esto sería gran bestialidad, sin comparación es mayor la que hay en nosotras cuando no procuramos saber qué cosa somos, sino que nos detenemos en estos cuerpos, y así a bulto, porque lo hemos oído y porque nos lo dice la fe, sabemos que tenemos almas. Mas qué bienes puede haber en esta alma o quién está dentro en esta alma o el gran valor de ella, pocas veces lo consideramos; y así se tiene en tan poco procurar con todo cuidado conservar su hermosura: todo se nos va en la grosería del desgaste, que son estos cuerpos…” Santa Teresa de Jesús, M 1,2
Definitivamente se resalta la importancia de la valoración de nuestra alma, de lo que somos como personas en vez de los aspectos superficiales…
La psicología moderna y la pedagogía insisten en la importancia de la acepción de uno mismo. Sin este presupuesto las relaciones “ad extra”, es decir, con el mundo y con los otros, toman fácilmente matices enfermizos. La persona humana actúa desde la visión y la compresión que tiene de sí. Hace más de cuatro siglos que Teresa descubrió esta realidad a la luz de su experiencia mística. Si el fin de esta experiencia es el amor con Dios, el amor a sí mismo es de obligada existencia, siendo por tanto necesaria la autoaceptación. Para los cristianos, su maestro manda “amar al prójimo como a uno mismo”, de manera que de qué forma se amará a los demás sino existe un amor a uno mismo.
Lo relacional del hombre sale de dentro y nunca de fuera. Es la interioridad, o mejor el posicionamiento de la persona en su interior, lo que da el verdadero sentido de las actitudes y cosas en la vida humana. Es decir, sólo desde el conocimiento del sí, se es capaz de enfrentarse de un modo humano con la realidad. De otra manera, la vida corre el riesgo de convertirse en un activismo, una lucha por la supervivencia o una huida continua de sí.
Sin palabras... http://www.youtube.com/watch?v=hLEtVJrtlz8
jueves, 8 de abril de 2010
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